¿Y ahora qué hacemos con el DJ?


Todos los técnicos lo padecemos demasiadas veces en las verbenas de muchas fiestas mayores: la inclusión de un DJ como colofón a una más o menos larga noche de conciertos. Las fiestas mayores permiten algo de transgresión social y alargar la fiesta con un DJ durante interminables horas hasta la salida del sol (e incluso más allá), parece una buena solución para muchos ayuntamientos y sus compromisos para con la “juventud”. Normalmente lo son, vista la cantidad de jóvenes que, seguramente por una noche, se permiten el lujo de festejar hasta altas horas de la madrugada con el beneplácito consentido de sus padres y el ojo siempre atento de los seguratas de turno. Ahora bien, ¿son conscientes los ayuntamientos de a cambio de qué?

Recientemente me llamó una empresa para la asistencia técnica en uno de estos eventos. Me convenció el hecho que sólo era una banda, “algo sencillo”. Kara volado, acceso fácil… ¿Qué más podía pedir? Lo que no sabía es que aún empezando el concierto muy tarde (pasada la media noche), estaba obligado a aguantar unas cuantas horas de discoteca. Para el contratador la jugada es maestra: utilizando el mismo equipo para el concierto (en mi caso una banda, aunque a veces suelen ser más), recurre a la figura del DJ para alargar la fiesta y consigue un rendimiento económico muy interesante. Pero para la conciliación social, laboral y familiar de los técnicos es toda una tortura. Sí, el esclavismo “moderno”.

Suelen existir dos escenarios. Por un lado, a veces el DJ pasa sin pena ni gloria. Es como si el ayuntamiento necesitara cumplir sí o sí en el programa con esta premisa. Acabas las horas viendo cómo un puñado de jóvenes bailan desorbitados pero sonorizados e iluminados por un equipo tremendamente sobredimensionado. Con un par de cajas, un refuerzo de sub y un par de efectos móviles consigues exactamente el mismo efecto, pero liberas a un grupo de profesionales de estar pendientes de algo que no les concierne y les das la oportunidad de disfrutar de algo difícil de conseguirlo en estas fechas: descansar. ¿La solución? Deja acercar el camión detrás del escenario y que los técnicos lo desmonten casi todo. A medida que pasan las horas y se vacía la pista, pasamos de la PA a un par de monitores o cajas en trípode y un refuerzo de sub. Un par de móviles bien colocados en el suelo harán el resto. Gran parte del equipo técnico ya estará en casa descansando para la jornada siguiente, mientras que un par de ellos, que habrán descansado lo suficiente (porque no irán a hacer el concierto), terminarán de recoger lo que queda y lo guardarán rápidamente en una furgoneta. El “sobrecoste” es muy aceptable, la dignidad tremendamente mejor.

El otro es también poco interesante. La plaza está llena y el DJ “lo peta”. El de sonido lo único que suele que tener que hacer es comprimir infinito a uno la señal aberrante que le llega desde la consola del escenario (aunque también es verdad que cada vez menos) y el de luces repetir por enésima vez el programa de los móviles que ha diseñado quizá 12 horas atrás. Aunque haya gente, el equipo de sonido no es el adecuado para esos menesteres y el de luces tampoco, pero aún así se obliga a un grupo de profesionales a asistir y esperar un buen puñado de horas para un trabajo que, sinceramente, no es el suyo.

Con la salida del sol, a veces más tarde, los técnicos empiezan a desmontar lo que les queda. Muy pocos son conscientes que ese mismo equipo (y condiciones) deberán estar en liza apenas pocas horas después, para repetir, quizá en el siguiente pueblo, la misma agenda: dos, tres o cuatro grupos y, después, las interminables horas de DJ.

La solución es más cara, de acuerdo, pero más digna para todos, incluyendo al DJ: un segundo escenario. El DJ no necesita de un 18 x 10, pero sí un equipo diferente. Se amortizará mejor la iluminación si está diseñada y colocada para “modo discoteca”. Un segundo equipo dignifica el sector, mejora la cultura musical y del mundo del DJ, y otorga humanidad a nuestro sector. ¿Que no hay dinero? Saca un grupo.

No estoy en contra del DJ, sí de la mala producción. Estos son los detalles (importantes) que hace que el sector esté como esté. La conciliación familiar, social y laboral pasa por respetar un mínimo que nadie respeta y, en estos casos, hablamos de entidades municipales, léase: políticos que, de una manera u otra, han participado en la redacción, por ejemplo, de los Estatutos del Trabajador. El empresario, que sólo quiere resistir, tiene las manos atadas, por que sabe que si él no acepta, lo hará la empresa de al lado… y los trabajadores, sumidos sin pensamiento tras el nulo descanso, hemos convertido una aberración en un estándar (inútil) de vida.

Sería momento de ser lógicos: conciertos son una cosa y DJ otra distinta (aunque, aparentemente, utilicen el mismo material). Pero demandan de exigencias técnicas distintas, de profesionales distintos y, sobretodo, de una dignidad profesional. Alquilen dos equipos, busquen soluciones o, simplemente, empiecen a pensar en los dobles turnos (la solución más económica, al fin y al cabo).

Fuente y texto: hispasonic

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