Necesitamos escuchar casetes y vinilos (aunque Albert Rivera diga que están obsoletos)

La compositora Delia Derbyshire, ensamblando cinta musical analógica en el estudio de la BBC (1965). BBC ARCHIVES

  • En 'The New Analog. Cómo escuchar y reconectarnos en el mundo digital' (Alpha Decay), el músico Damon Krukowski alerta del riesgo que supone confiar ciegamente en lo digital y en el avance imparable de la tecnología.

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, dijo hace unos días que el debate sobre exhumar a Franco era algo tan "obsoleto" como escuchar música en "casetes y vinilos". Dejando a un lado las churras y las merinas, la reflexión del político mostró una tendencia sobre nuestra relación con la tecnología. Un pensamiento muy extendido que tiende a ver ésta como una línea ascendente en que todo es cada vez mejor. Sobre este asunto apareció hace unos meses un libro interesante, escrito por un músico que ha experimentado en sus propias carnes el avance de la tecnología.
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Damon Krukowski formó parte del grupo Galaxie 500, uno de los emblemas del pop-rock alternativo de finales de los 80. Allí conoció a su mujer, Naomi Yang, y cuando el grupo se separó en 1991 ambos decidieron seguir tocando como dúo, Damon & Naomi. Una carrera en la que ha contemplado la mayor transformación que ha vivido el arte musical en toda su existencia. The New Analog. Cómo escuchar y reconectarnos en el mundo digital (Alpha Decay) intenta descifrar a partir de la experiencia personal qué ha pasado con la música, tanto a la hora de hacerla como al consumirla.Krukowski sostiene que "la tecnología, con sus aparatitos modernos, es distractora. Porque siempre hay algo nuevo". Él empezó "como músico puramente analógico y unos años más tarde todo había cambiado". 

Una transformación, que no volverá a suceder, porque ha sido completa y radical.Sobre el papel, "la música es muy simple", relata. "Especialmente para músicos como yo, que empezamos en el punk-rock, se trataba de comprar instrumentos, aprender a tocarlos de manera autodidacta y crear una comunidad. Así que mi experiencia no es la misma que la de un productor o alguien que tiene una idea sobre la música desde el principio".

Desde esa perspectiva, "la música es una buena manera de examinar el cambio" en algo que se mueve tan rápido como la tecnología.Y eso, a pesar de que "la música ha cambiado más rápido que otros medios, como el periodismo, por ejemplo: todavía tenéis el papel, las páginas web, Facebook... Estáis luchando en esta batalla. Pero la música perdió la batalla inmediatamente. Después de Napster todo fue súper acelerado. Fue un accidente, pero también creo que tuvo que ver que la música era suficientemente pequeña, en términos de datos, como para poder ser compartida.

Y también que es una cultura muy juvenil, y los jóvenes están más abiertos al cambio".El caso es que, con la llegada de internet, la industria musical se desmoronó, la gente dejó de escuchar formatos físicos en favor de otros digitales, como el streaming (Spotify, Youtube), y se alteró también para siempre la interacción entre músicos y público. Pero Krukowski abre el campo e intenta ver la panorámica general. "Está claro que los medios digitales son todos lo mismo: información", reflexiona. "Y son todos tratados de la misma manera. Pero cuando empezamos no era así. Naomi y yo montamos una editorial y me acuerdo que la discográfica Rough Trade, donde estábamos, nos preguntó que cuál era nuestra elección: si ser editores o músicos.

 Y al revés: cuando íbamos a congresos editoriales se horrorizaban porque sacábamos la guitarra para dar un concierto. Hoy haces de todo: diseñas tu web, llevas redes sociales, escribes textos, haces fotos para Instagram, eres DJ... Porque en los medios digitales todo parece lo mismo: usas las mismas herramientas, el intercambio de información es el mismo y todo está interconectado".Y aquí es donde el libro de Krukowski apunta a pensamientos como el de Rivera. "El propio entorno digital", explica, "hace que, al final, todo sea una cosa de fans y haters. Porque lo digital es eso: encendido o apagado. Todo o nada. Y esta lógica nos ha infectado un poco". El músico/escritor denuncia que "todo es demasiado absoluto". 

Y pone ejemplos: "Ves cómo las compañías tecnológicas irrumpen en el mercado y parece que Uber va a terminar por completo con el antiguo negocio de los taxis. Es muy típico oír lo de: 'Esto nos salvará o nos matará'".Así que llama a "resistir" contra esta lógica impuesta. "Porque la tecnología plantea la posibilidad de que las cosas sean mejores, más abiertas, más democráticas. Es como la Primavera Árabe: empezó en Twitter. Y ahora tenemos a Trump, que empezó también en Twitter", se ríe con tristeza. Pero él apuesta por los grises: "La idea de que todo deba ser bueno o malo es un bajón. Es antinatural y creo que puede generar patrones sociales de comportamiento nefastos"."Tenemos que moldear estas herramientas mejor", defiende. "Entender qué hacen por nosotros y, lo más importante, en qué nos están fallando. Por ejemplo, Facebook. Casi todo el mundo siente que es un timo, que no es placentero. Pero aún así lo usamos. Es una situación extraña". Como sociedad, apunta, estamos sufriendo "que las herramientas digitales nos están superando". Y vuelve a la política como ejemplo: "Trump no ha aparecido por casualidad, es un estafador que juega con la confianza de la gente para engañarla.

 Como aquellos curanderos que vendían pociones milagrosas. Estos tipos trabajaban muy rápido, porque tan pronto como la gente se enteraba del timo, ellos estaban en el siguiente pueblo vendiendo la poción. Un paso por delante de la información. Y es lo que pasa ahora: todo se mueve tan rápido que sólo podemos ir detrás. Aunque tarde o temprano les acabamos cazando y emplumando", confía, en alusión a un pasaje de Las aventuras de Huckleberry Finn. "Lo analógico es más lento. Y necesita tiempo", añade como una de sus ventajas.Para Krukowski, "hay demasiadas señales demandando nuestra atención". Frente a ello, "el ruido es aquello a lo que no prestas atención. Y como estamos sumergidos en toda esa información, nos estamos perdiendo algo tan importante como el aburrimiento. Si vas a una tienda de discos y todo es relevante para ti, acabas volviéndote loco.

Ahora parece que todo lo que surge lo sentimos como igualmente importante".De ahí la importancia del crujido de los discos de vinilo, del ruido de las casetes. "Los negocios digitales nos dan lo que queremos y eliminan ese proceso de tratar de saber qué estamos buscando. Es todo dar, dar, dar, dar... Y siempre es algo interesante. Y además juegan con nuestros deseos e intereses. Mientras tengamos a esta gente, será difícil encontrar el ruido. Que es algo muy humano y que forma parte de nuestros sentidos".

Fuente y texto: elmundo

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